Reflexión lunfarda: El aguante cotidiano, en el país del más de lo mismo…

El ciudadano común y los de abajo, practican con excesiva frecuencia, el duro y paciente aguante cotidiano, soportando las crisis financieras, los reiterados ajustes, los incrementos de precios y tarifas, el gran fenómenos inflacionario y recesivo, la desocupación, los bajos salarios, las cargas impositivas y tributarias, la marginación social y la miseria… Contrariamente, los de arriba, en las altas esferas nacionales, están muy lejos, de brindar un ejemplo, cabal y convincente, de trabajo, honestidad, esfuerzo, austeridad y sacrificio… Siempre pierde, se perjudica y se empobrece, LA PERSONA BUENA, HONRADA Y LABORIOSA QUE TRABAJA, porque los planes y programas económicos, son contra los sectores productivos y la gente trabajadora… Por esta ruta, sin expectativas favorables y auspiciosas esperanzas, no hay futuro optimista ni destino, y jamás se habrá de llegar a ninguna parte… Sólo existe un rumbo posible: VOLVER AL CAMINO DE LA EDUCACIÓN, LA HONESTIDAD Y EL TRABAJO.

El aguante, firme y cotidiano, constituye sin dudas, un tema de profundo y especial análisis, por parte del lunfardo que, rescata, exalta y valora, esa tan meritoria y plausible actitud, del ciudadano común, para hacer frente, de una manera diaria, con singular fortaleza, gran paciencia, auténtico coraje y, admirable estoicismo, a la dura y agobiante realidad actual, de cada nueva jornada. El anónimo y humilde ciudadano común, que día tras día, como un particular y verdadero desafío, sale a la calle, y de pronto, se encuentra, con la crisis financiera, la inactividad y la parálisis económica, el reiterado y penoso fenómeno inflacionario, la recesión y el desempleo, la virtual desaparición del mercado interno, la constante pérdida del poder adquisitivo y la capacidad de compra, los incrementos del dólar, los precios y las tarifas y, las gigantescas y pesarosas cargas tributarias y presiones fiscales e impositivas. El sufrido y resignado ciudadano común, que padece y lo atormentan, las graves y devastadoras consecuencias, y los implacables y tan negativos efectos, de los recortes y los ajustes; los cuales, limitan, restringen, atosigan y asfixian, todas sus posibilidades de crecimiento personal, avance, progreso y desarrollo. El desalentado y abatido ciudadano común, en medio del contexto, de la sociedad y el país, del más de lo mismo, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina, inexorablemente siendo, más de lo mismo… El país de la injusticia, la corrupción, la impunidad, la improvisación, el egoísmo, la falsedad, el chanterío y el afano, donde hay gente que, se ha hecho y se hace rica, de un modo ilícito, sin trabajar, y contrariamente, siempre pierde, se empobrece, se perjudica y, hasta se funde, la persona buena, honrada y laboriosa que trabaja… El marginado y olvidado ciudadano común, inmerso en el país, de los malos modelos o ejemplos, donde, desde las altas esferas, faltan gestos y procederes, de amor hacia el prójimo, humildad, laboriosidad, esfuerzo, austeridad, un sentido franco y solidario y, una  fraternal generosidad… Debemos predicar, ante todo, con el testimonio de nuestra conducta, y el buen ejemplo de vida, porque los Hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian, por sus propios frutos… Debemos recuperar los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales; como asimismo, el hábito, la mentalidad, la conciencia y, la sagrada cultura del trabajo. No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo, y para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo… Hoy, más que nunca, requerimos de ejemplos edificantes y aleccionadores, que nos enseñen a ser mejores individuos; personas de bien, rectas y probas, que contribuyan a forjar, construir y levantar, un país de sueños, futuro y esperanzas. Debemos apartarnos, del dramático y tremendo círculo vicioso del “más de lo mismo”, que no nos conduce a ninguna parte… La patética y dolorosa impresión, del “más de lo mismo”, y de otro año, lamentablemente perdido…  Sólo existe un rumbo posible: Volver al camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo.

El aguante, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Vos estás, che, melón, en el aguante, siempre forte, yugándola, gomía, de una forma mistonga y en la vía, sin pensar, en afano o en espiante… Vos estás, con tu fe de laburante, tu polenta, tu embale y tu energía; enfrentando a la mufa, cada día, y metiéndole así, para delante… Vos estás, pero en cambio, che, salute, los de arriba, la pasan muy debute: Guita y onda bacana, extraordinaria… Y al final, se repite el mismo tango: La seguís, seco y triste, sin un mango, en la lucha, el aguante y la malaria. Ojalá, que en los yornos del futuro, con un sope y el morfi bien seguro, los de abajo tengamos – gran noticia -, un poco más de amor y de justicia.

 

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