Reflexión Lunfarda: el Boca-River.

La tan resonante y significativa disputa, del histórico y memorable superclásico Boca – River, dentro del marco de la trascendental Copa Libertadores de América, hoy le ofrece, a la expresión canyengue y arrabalera del Lunfardo, la oportunidad más adecuada y propicia, a fin de efectuar una sentida reflexión, acerca de este muy particular fenómeno sociológico, que excede la esfera y los ámbitos, eminentemente futbolísticos y deportivos. El superclásico Boca –River, que entraña todo un conjunto de profundos y sinceros sentimientos, de los tan fieles y apasionados hinchas, y es por otra parte, una abierta y palmaria manifestación, de nuestra auténtica idiosincrasia popular. El superclásico Boca – River, que está presente en los hogares y cada una de las familias, encendiendo en los corazones, un vibrante grito, de fe y entusiasmo  y, una llamarada intensa y fervorosa. El superclásico Boca – River, inscripto con caracteres luminosos y sobresalientes, en las páginas de los anales, de nuestro fútbol nacional. El superclásico Boca –River, que ya constituye un emblema o símbolo del balompié, y una porción fundamental, de nuestra identidad como Nación. El superclásico Boca – River, que se proyecta también, hacia el exterior, suscitando el mayor interés y la atención, no sólo del periodismo local, sino de la prensa extranjera. El superclásico Boca –River, que suele sembrar polémicas, antagonismos y diferencias personales, pero que en verdad, más allá de los eventuales y circunstanciales resultados obtenidos, debiera contribuir a la concordia, la unión y la hermandad de todos buenos los argentinos.

El Boca-River, en Lunfardo, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Escuchame, chabón, esta parola, que te chanto, del modo más sentido, cuando el fulbo, ha copado las tribunas, y se vicha el momento del partido. Siempre fuimos, los dos, desde purretes, ante todo, sabés, buenos gomías, en un rioba cachuzo, de potrero, ilusión y mistongas alegrías. Siempre fuimos – lo juro y lo bocino -, macanudos compinches y fratelos, en la yeca, el bailongo y la garufa, hermanados, sin broncas ni camelos… Vos, de River, chabón, toda tu vida, con pulenta pasión y furia loca, mientras yo, de familia muy bostera, por un lungo cariño, soy de Boca. A morir, discutimos, tantos yornos, el orsai, el penal y el zapatazo, pero al fin, del enojo y la podrida, terminamos, fetén, en un abrazo. Cuántas veces, sufrimos los equipos, malas rachas, pepinos y felpeadas; la derrota, que duele, por fulera, la sonrisa burlona y las cargadas. Cuántas veces, la ofensa de otros hinchas, el tener que bancarse la rutina: El jotraba, la lucha cotidiana, y el apodo de tronco y de gallina. Discutimos – bolonqui verdadero -, con chamuyo feroz, hasta matarnos; nos rajamos, después de aquel balurdo, pero luego, volvimos a encontrarnos… Y aquí estamos, parados en la esquina, relojeando otros tiempos imborrables; vos, de River, chabón, y yo de Boca, siempre juntos los dos, e inseparables… Quiera Dios, que algún día, che, merluza, sin el Boca y el River, de la grieta, laburemos en paz y bien unidos, más allá del color de camiseta… Laburemos, sin grupo y sin afano, con espíritu guapo y muy genuino; una fuerza debute y sostenida, y este cuore profundo y argentino. Laburemos, a pata y en la vía, a pulmón o de abajo – firme aguante -, para abrir un futuro luminoso, y sacar al país, siempre adelante… Escuchame, chabón, esta parola, y que así – te lo bate mi enseñanza -, hoy, le hagamos al arco de la mufa, un gran gol de optimismo y de esperanza.

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