Un valioso libro sobre el Dr. Carlos Pellegrini y el monumento de Chivilcoy, inaugurado el 11 de abril de 1909.

El monumento al Dr. Carlos Pellegrini (1846 – 1906), totalmente entero y completo, en su máximo y pleno esplendor, a través de una fotografía, en colores, de comienzos de la década de 1980, hace ya, casi cuarenta años transcurridos…Allí, se pueden observar, la corona y la guirnalda de bronce, hoy, infortunadamente, desaparecidas, como directa y penosa consecuencia, de los anónimos  atentados y,  actos delictuosos, de grave substracción e infame vandalismo… Inaugurado el 11 de abril de 1909, en la plaza principal 25 de Mayo, de nuestra ciudad, fue la primera estatua, que hubo de levantarse en el país, para honrar la memoria del ex presidente de la Nación.

El capítulo evocativo de hoy, la dedicaremos a un magnífico y admirable libro – significativo y valioso testimonio, de orden histórico y bibliográfico -, titulado: “Iconografía de Carlos Pellegrini”, una importante obra, perteneciente al coronel Luis Alberto Leoni Houssay, que fuera editada, por el Banco de la Nación Argentina, en el mes de octubre de 1981, con motivo del nonagésimo aniversario, de dicha institución, que fundó el Dr. Pellegrini, en 1891, a través de un proyecto, convertido en la Ley Nro. 2841, del 16 de octubre. El Dr. Carlos Pellegrini, eminente y prestigioso jurisconsulto, hombre público y estadista, había nacido en Buenos Aires, el 11 de octubre de 1846; fue diputado nacional, senador nacional y vicepresidente de la Nación, asumiendo este cargo, el 12 de octubre de 1886; tras la renuncia del presidente de la República, Dr. Miguel Juárez Celman, a raíz de los dramáticos y sangrientos episodios revolucionarios, de un movimiento armado, conocido con el nombre de la “Revolución del noventa”, tomó posesión, de la primera magistratura del país, en complejas y críticas circunstancias, el 6 de agosto, de aquel año, ejerciendo sus funciones, hasta el 12 de octubre de 1892, y falleció en la Capital, a la edad de 59 años, el 17 de julio de 1906.

El excelente volumen, de unas 160 páginas, y una impecable y extraordinaria impresión, ofrece a los lectores, todo un heterogéneo y llamativo conjunto, de imágenes fotográficas, retratos al óleo, caricaturas, dibujos, medallas, bustos y esculturas, sobre el Dr. Pellegrini, en diferentes etapas y circunstancias, de su intensa y fecunda vida. El citado libro, que fuera, cordial y generosamente donado, al Archivo Literario Municipal, en el mes de septiembre de 1991, por el chivilcoyano, Oscar Cadavid (hijo), – empleado jerárquico, de la casa matriz, en Buenos Aires, del Banco de la Nación Argentina-, en las páginas: 105, 106, 107 y 108, efectúa una singular referencia, al monumento del Dr. Carlos Pellegrini  – el primero, erigido en el país, como homenaje a su figura -, ubicado en la plaza principal 25 de Mayo; el cual, hubo de inaugurarse oficialmente, el 11 de abril de 1909. La imponente y majestuosa realización artística, que surgió por una iniciativa, del dirigente político y caudillo lugareño, Don Vicente Domingo Loveira, correspondió al gran escultor español, radicado en la Argentina, Torcuato Tasso Nadal; el gobierno nacional, entregó el bronce, para la estatua; Don Vicente Domingo Loveira, consiguió, gratuitamente, el granito del pedestal y, la fundición, se llevó a cabo, en un horno especial, de los talleres, del Arsenal de la Nación, dirigiendo los trabajos, Luis Bosqui, secundado por los operarios, Ángel Riganti y Carlos Yardella.

El texto, del volumen “Iconografía de Carlos Pellegrini”, acompañado por una bella fotografía del monumento, y de una reproducción, en miniatura, de la pieza escultórica, así puntualiza: “La estatua de Carlos Pellegrini, del escultor Torcuato Tasso Nadal, erigida en la plaza principal de Chivilcoy, cumple acabadamente con los principios enunciados precedentemente, constituyéndose en una obra estupenda. De notoria fuerza, resuelta escultóricamente en una sensible conjunción de líneas y de formas, severas y agradables a la vez, en total armonía arquitectónica con el entorno circundante, trasunta sin ninguna duda, toda la garra espiritual del ilustre personaje. La estatua de bronce, de una altura de 2,50 metros, se alza sobre un pedestal de granito, de 4.80 metros. Figura en la cara del frente, una leyenda en letras de bronce que expresa: Chivilcoy a Pellegrini, en tanto del ángulo derecho, cuelga una corona de laureles, y una larga guirnalda, ambas de bronce, rodean el notable monumento. Fue inaugurado el 11 de abril de 1909, y se trató del primer monumento, levantado en el país, en recordación del ilustre hombre público. El granito, fue llevado desde Sierra Chica y la estatua fundida en los Arsenales del Ejército, en Buenos Aires.

La idea de concretar el referido homenaje, perteneció a Vicente Loveira, caudillo del Partido Autonomista, gran amigo de Pellegrini, quien logró el apoyo de los poderes públicos, para llevar adelante la obra, con enorme consenso popular.

El monumento, fue encargado al escultor español Torcuato Tasso Nadal, que ya había realizado para la referida población, el busto de Bartolomé Mitre, inaugurado el 22 de octubre de 1907.

Torcuato Tasso Nadal nació en Barcelona en 1855 y falleció en Buenos Aires, el 5 de febrero de 1935. Realizó numerosos monumentos de personajes famosos, entre los cuales se cuentan los de Echeverría, Tejedor, Lavalle, Paso y el de San Martín en Rosario, sumamente admirado por su fuerza expresiva. Discípulo de nota, en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y en la Academia de San Fernando, en Madrid, fue profesor en la Argentina de los mejores escultores, a quienes les transmitió su arte y su espíritu creativo.

De la estatua de Chivilcoy, existe un estudio – miniatura -, de 0,72 metros de alto, sin fecha ni firma, fundido en la antigua Fundición Artística, dedicado al caudillo Loveira”.

Nuestra Historia, soneto lunfardesco, de Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Oí, campeón, el espiche emocionado, que te chanta la voz de nuestra historia, y bien piola, seguí su trayectoria, por un lungo camino, ya olvidado… Oí, de pronto, – gran cuore apasionado -, la parola del tiempo y la memoria, y sentí la debute y clara gloria, que palpita en las yecas del pasado. Oí, campeón, este posta y fiel chamuyo, como un clarín ¡atenti! Y un murmuyo, que nos copa hasta el mango, la sesera… Y después, che, campeón, cada matina, relojeá y descubrí – pinta genuina -, nuestra historia pulenta y verdadera.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *